 |
Salina, la antigua Dydime, se presenta al visitante con la imagen única de los dos volcanes gemelos que se confrontan y descienden suavemente en el valle de Valdichiesa. En lo alto, los colores de las montañas cambian en cada estación tiñiendose de amarillo genista en primavera y de todas las tonalidades de rojo en otoño. En las laderas, el verde de los cultivos de “malvasia”, en otoño, se mezcla al dorado de los racimos de uva madura.
Huertos y jardines en todas partes, casas blancas y colordas llegan hasta el mar, donde el color negro y plata de la roca volcánica se sumerge en agua cristalina, iridiscente, enriquecida con todos los colores del cielo y del fondo marino. La isla con sus mil caras fascina al turista, que tal vez sólo esperaba vacaciones en la playa, por: su formación geológica; la historia de su pasado, tan rica de acontecimientos que se remontan a la mitología; sus senderos que suben hasta la Fossa delle Felci (el antiguo cráter del Monte homónimo) permiten disfrutar de una espectacular vista de todas las islas; sus fantásticos fondos marinos; los sabores únicos de su cocina, perfumados de hierbas aromáticas, donde destacan la alcaparra (presidio Slow Food) y la “Malvasia”, el vino de sabor dulce e intenso. |